Trapos Sucios

Wendy Cabrera Rubio / Sol Calero / Paloma Contreras Lomas / Chelsea Culprit / Leah Dixon / Casey Jane Ellison / Laia Estruch / Samantha Blake Goodman / Núria Güell / Havi / Christopher Kline / Madeline Jimenez / Fernanda Laguna / Andrea Medina / Joiri Minaya / Ad Minoliti / Andrea Nones / Javier Ocampo / Kristin Reger / Armando Rosales / Chloe Wilcox / Amanda Wong / Básica TV / Conglomerate TV

Curada por Sira Piza, Antonella Rava y Nika Simone Chilewich

8 de febrero - 10 de febrero, 2018
Calle Alfonso Herrera 11 Col. San Rafael
Cuauhtémoc, 04670

Los afectos y las predilecciones, la atención y las devociones, las enseñanzas y los alimentos, los lazos de dependencia y las inversiones a fondo perdido están en la base de todo sistema que trasciende los muros de la casa y se erige como fundamento invisible de lo político. Se avergüenza y lo niega; se sacude sus restos como migajas. Como si, en esa camisa impoluta, no quedara para siempre el resto imborrable de la fuerza del trabajo sin encargo ni compensación, sin inicio ni fin. La cotidianeidad del quehacer es imperativa, inexorable, se despliega en los otros primero como derecho. Luego se repliega en una misma como obligación.

Ubicada en espacios dispersos del paisaje urbano de la colonia San Rafael, Trapos Sucios es un enunciado fragmentado, una examinación de las formas en que el arte y el espacio social entran en diálogo cuando se observan las implicaciones de género de las posiciones artísticas femeninas y se visualiza su historia, olvidada dentro del discurso cultural.

El reclamo de lo íntimo y de lo construido sobre la base fluctuante pero constante de las relaciones afectivas en Trapos Sucios se encuentra en las prácticas artísticas que persiguen el rastro de esas labores– emocionales, manuales, estridentes, copiosas, incómodas, tabúes. Algunas de ellas toman la forma femenina como tema, y el espacio de representación en el que históricamente han existido las mujeres. Otras abarcan asuntos políticos, sociales y económicos, en las que el género funciona como herramienta discursiva. En los trabajos de video, expuestos en pantallas individuales de un cyber café hay una exploración de las tensiones entre la experiencia individual del género y su función como mercancía en la cultura masiva.

En su conjunto Trapos Sucios espera transmitir una voz colectiva enraizada en el deseo femenino. En ella su representación abarca las complejidades contradictorias de su historia, y no rehuye de su dificultad de enunciación, sino abarca una mezcla de ira, fuerza, desesperación, paranoia, protocolo y confusión, a veces con una intensidad patológica. Aquí lo que hay es una confrontación, una cualidad a veces violenta, y un intento de reconciliar una incongruencia entre una realidad personal y el entorno social y político.

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Affections and predilections, attention and devotion, teachings and nourishment, bonds of mutual dependence and non-refundable investments lie at the base of every system that transcends domestic space, the invisible foundations of our political order. Ashamed of these ties, we deny them, brushing off their remains. As if the indelible trace of that labour force on this immaculate surface, that uncommissioned and uncompensated work, could ever be erased. The quotidian nature of labour is imperative, inevitable. It unfolds on the body first as privilege; then it wraps around oneself as obligation.


Scattered throughout a variety of locations in San Rafael’s urban landscape, Dirty Laundry is a fragmented utterance, an examination of the ways in which art and social space enter into dialogue when the implications of gender are observed from female artistic positions, and when history of this labor, lost in official cultural discourse, is made visible.

The collective voice in Dirty Laundry is founded in this intimate space, in the fluctuating but constant base of affective relationships, and in an artistic practice that pursues traces of emotional and manual labor, of the strident, copious, and uncomfortable taboos that gender imposes. Some works grapple thematically with the female form and the representational space in which women have historically existed. Other works tackle more general political, social, and economic issues, and gender functions as a discursive tool. The video works in Dirty Laundry, exhibited on the individual screens of a cyber cafe, explore the tensions between the individual, subjective experience of gender, and its function as a mass-cultural commodity.

As a whole, Dirty Laundry hopes to transmit a collective voice rooted in female desire. Here, aesthetic representation embraces the contradictory complexities of the female voice.  It does not shy away from the difficulty of its enunciation--a mix of desperation, paranoia, etiquette, and confusion that, at times, takes on pathological intensity. Where Dirty Laundry is concerned with femininity, gendered conventionsacquire a confrontational, and often violent, quality, as a means of working through a lived reality incongruous with one’s social and political surroundings.